viernes, 17 de enero de 2014

UNA MALETA Y NUEVE HISTORIAS

HISTORIA Nº 8



¡QUIERO MADURAR!

Supongo que os preguntaréis qué hace una maleta en medio de la nada. Os lo voy a contar, pero tendré que empezar por el principio.

Mi nombre es Anita, tengo trece años y vivo con mi mamá en Barcelona. Desde hace un tiempo, ella andaba siempre fuera; si no era en el trabajo, era en la discoteca o con sus amigas tomando una copa en un bar. Mamá me tuvo muy joven, y mi abuela no lo llevó muy bien, así que mamá se escapó. Yo a eso lo llamaba “madurar”.

Este año ha sido mi primer curso en el instituto. La gente no es como en el cole. Menos mal que me tocó en la misma clase que Tania. La chica más popular del instituto es Tara. Siempre va vestida de negro, fuma y tiene un comportamiento muy vulgar.

Cuando llegó el tercer trimestre, me entraron ganas de cambiar algo en mi vida; tal vez hacer amigos nuevos. Me entraron ganas de que la gente me conociera, de ser popular… Empecé a pensar que si hacía lo mismo que mamá, maduraría antes; así que hice una lista con todos los pasos que tenía que dar para madurar. Tenía que integrarme en el grupo de Tara, ser popular, tener mi primer novio, ir de fiesta, fumar, beber… y, por último, escaparme, como mamá. Así la gente se daría cuenta de que había madurado, de que no era una friki. Sólo le conté mi plan a Tania, aunque ella no lo aprobó.

Después de unas semanas, hasta mi mamá, que no me prestaba mucha atención, se dio cuenta de que yo ya no era la misma: había dejado de vestirme con colores claros y sólo usaba el negro, ya no estudiaba y empecé a escuchar música que no era adecuada para mi edad. Ya había tachado todo de mi lista. La siguiente fase era marcharme de casa. Y me fui.

Ese día, mi madre llegó a las cuatro de la tarde después de una noche (parte del día) de fiesta, y no me encontró. Subió a mi habitación y lo vio todo revuelto. Faltaba la maleta. Por primera vez se preocupó por mí, y creo que se sintió culpable. Corrió a casa de Tania, y ella fue la que le dijo dónde podría encontrarme.

Yo iba caminando por aquel camino, con mi maleta, y oí que mi mamá me llamaba. Me di la vuelta y la vi corriendo hacia mí. Solté la maleta y fui a su encuentro. Nos dimos un abrazo, me pidió perdón y me dijo entre lágrimas cúanto me quería. Yo también lloré y también le dije que la quería. Volvimos juntas a casa, pero la maleta se quedó allí, sola. Mi madre y yo empezamos una nueva vida y ella era el pasado.

Alexandra Costache, 3º B



miércoles, 15 de enero de 2014

UNA MALETA Y NUEVE HISTORIAS

HISTORIA Nº 7





LA MALETA

Estrella y Beatriz eran dos hermanas gemelas de 15 años que vivían en casa de su madre, una  vieja gorda y amargada que las odiaba. Un día salieron a montar a caballo, como de costumbre y, a su regreso, su madre les anunció que había concertado sus bodas con dos hombres ricos y mucho mayores que ellas. Las niñas no podían hacer nada, ya que la fecha estaba fijada para sólo unas semanas después. Estaban tan desesperadas que decidieron huir de casa.

Una semana antes de la boda, Estrella preparó un carruaje y Beatriz recogió cosas de valor y las metió en una maleta, para luego venderlas y poder sobrevivir. Al amanecer, antes de que se despertara su madre,  salieron huyendo. Durante el camino, las dos jóvenes iban muy felices, pensando en sus nuevas vidas y en la maleta que iba a ser su salvación. Pero su felicidad duró poco: a lo lejos apareció su madre con otro carruaje y acercándose a toda velocidad.

Durante algún tiempo estuvieron intentando escapar y, al final, lo consiguieron. Su madre las perdió de vista porque se había parado a recoger algo que había visto caer del carruaje las jóvenes. Era una maleta, la misma por la que había salido a perseguir a sus hijas. Se puso tan contenta que le hizo una foto a aquella maleta en mitad del camino.

Las hijas llegaron a un pueblo cercano en un estado desastroso: sudorosas, despeinadas, temblando, hambrientas… Beatriz, que era la más caprichosa de las dos, quiso entrar en una pastelería para comer algo. Estrella fue a coger dinero para cumplir el capricho de su hermana, pero descubrió que la maleta no estaba. La habían perdido. Desesperadas, estuvieron vagando por el pueblo sin saber qué hacer.

Al día siguiente decidieron volver a la casa de su odiosa madre. Todo el mundo se había enterado de su huida, así que los hombres ricos anularon la boda.

Un mes después, las dos hermanas aparecieron muertas cerca de su casa. Cuando las encontraron, vieron sobre sus cuerpos una foto en la que aparecía una maleta en mitad de un camino. En la parte de atrás su madre había escrito una dedicatoria.


Verónica Aranda Rodríguez, 3º B


lunes, 13 de enero de 2014

UNA MALETA Y NUEVE HISTORIAS

HISTORIA Nº 6



LA RUTINA DE ALONSO

         Como todas las mañanas, sonó el despertador a las seis y media. Alonso se levantó y fue a la cocina para desayunar. Después se duchó, se vistió y bajó al garaje. Se subió en su modesto coche y se dirigió hacia la oficina.

         A Alonso le agobiaban los pitidos ensordecedores de los demás coches, que querían llegar a su destino lo antes posible. En la oficina, trabajaba sin descanso hasta las ocho de la tarde. Cuando llegaba a casa, tenía que seguir trabajando otras dos horas más. Después, bajaba a cenar a un bar que había cerca de su casa. Luego se iba a la cama para esperar que el despertador sonara de nuevo.

         Alonso estaba aburrido. Tenía que hacer algo urgentemente. Se le ocurrió una brillante idea: cambiar de aires. Tras darle varias vueltas al asunto, decidió que lo mejor era regresar a su pueblo, donde, antes de venir a Madrid, llevaba una vida muy tranquila.

Tuvo que trasladarse a la ciudad porque lo que le interesaba era trabajar en lo que había estudiado. Ahora le daba igual, y lo que quería era recuperar la vida que llevaba antes. Iría a su trabajo a pie, sin coche y tendría una jornada menos intensa, aunque ganaría menos. Además, dispondría de tiempo libre por las tardes. Sólo la idea de pensar en su huerto y en su afición a la pintura le hacía recobrar la ilusión por la vida.

Al día siguiente hizo la maleta y se marchó. Cuando llegó al pueblo, antes de entrar en él,  paró su coche en medio del camino, se bajó y soltó la maleta. Durante unos minutos, contempló el paisaje. Luego miró la maleta. Nada de lo que había en ella tenía ya interés para él. La dejó allí, sola, se subió al coche y entró en su pueblo, sin equipaje.



Víctor Vélez Carrillo, 3º B

sábado, 11 de enero de 2014

UNA MALETA Y NUEVE HISTORIAS

CUENTO Nº 5




LA MALETA

Ahí estaba la maleta, sola, en medio de esa carretera solitaria e infinita, sin nada alrededor. Todavía tenía restos de sangre, signo de la violencia cometida hacía muy poco tiempo.

Todo empezó en un día normal de otoño. Seth entró en el bar, como siempre, dispuesto a beber, beber y beber… Como decía, un día de lo más normal. Pero todo cambió cuando salió del bar: dos hombres empezaron a seguirle. Seth corrió hasta que pudo despistarlos, o eso creyó. Suspiró y empezó a correr de nuevo hacia su casa, y allí estaban, frente a él, apuntándole con sus pistolas. Se acercaron, lo empujaron, cayó al suelo y perdió el conocimiento. Llegó otro hombre conduciendo un coche, lo metieron dentro y se lo llevaron.

Cuando despertó, estaba solo, atado a una silla y con una maleta sobre las rodillas, en medio de una carretera por la que, al parecer, no pasaban muchos coches. Así estuvo durante horas, hasta que, a lo lejos, divisó un camión grande que se dirigía hacia él. A medida que se acercaba, los nervios de Seth aumentaban. “No puede ser, soy demasiado joven”, pensó.

A los pocos minutos, de Seth  no quedaba nada, sólo el maletín lleno de dinero y ensangrentado en medio de la carretera.


José García, 3º B


jueves, 9 de enero de 2014

UNA MALETA Y NUEVE HISTORIAS

HISTORIA Nº 4



EL AMOR PERDIDO

Un día lluvioso me llamó y me dijo que todo había terminado, que me dejaba. Estaba destrozado. Me olvidé de todo: mi trabajo, mis obligaciones… Ella era lo único que tenía, lo que me alegraba la vida. Aquella rubia y suave melena, sus ojos azules, que tanto llamaban la atención… Así era ella. Era Elena.

Yo era uno de esos tipos románticos, con el pelo oscuro y ojos brillantes de color miel. Mi nombre es Jonny. Esta es mi historia.

Soy huérfano, y cuando me dejó Elena, mi vida dejó de tener rumbo. Decidí marcharme a otro lugar, a vivir lejos de sus recuerdos y olvidarme de ella. Me subí al tren para emprender mi viaje. Decidí seriamente empezar desde cero. Aquella maleta que llevaba conmigo me traía demasiados recuerdos. Hay un mundo entero por descubrir. Me precipité a él: tiré por la ventanilla aquella maleta llena de momentos inolvidables.


Karima El Gadaoui, 3º B


miércoles, 8 de enero de 2014

BUZÓN DE SUGERENCIAS



Anunciamos que la biblioteca del centro ya contamos con un precioso buzón de sugerencias. Si os apetece leer algún libro y no está en la biblioteca, podéis solicitarlo. Los profesores que están de guardia en los recreos te facilitarán las fichas para que las rellenéiss con vuestras peticiones . No os prometemos nada, pero intentaremos comprar esas obras que os apetece leer.

El precioso cartel que anuncia el buzón ha sido realizado por las hermanas Usero de 3º B.

domingo, 5 de enero de 2014

UNA MALETA Y NUEVE HISTOIRAS



HISTORIA Nº 2


Era una niña de 11 años cuando entré al instituto, iba con miedo de poder hacer algo mal y que me quedara sola,  que la gente se riera de mí. Pero no, gracias a Dios tenía  a mi amigo de la infancia en el que podía apoyarme, le conocía desde la guardería. Después hice  otra amiga con la que me sentí a muy identificada, tanto que casi era mi hermana, a los pocos días vi a una chica que parecía maja y la veía tan sola que decidí meterla al grupo. A los cuatro meses éramos las mejores amigas, nada ni nadie podía separarnos. Hasta que una de ellas se propuso apartarme  de mi mejor e inseparable amiga. En el verano cuando me fui de vacaciones empezaron a unirse para ir las dos contra mí, cuando llegué nada era como yo había dejado las cosas, estaban raras, todo el rato hablaban de las cosas tan divertidas que ellas solas hicieron sin mí. Ahí fue cuando me di cuenta de que yo sobraba, ¿para qué iba seguir estando en un lugar donde no había sitio para mí? Cuando observe que no paraban de insultarme por cosas que yo no había hecho, me fijé en que no era yo quien se iba a quedar más sola, si no ellas por hacer eso y desearme que me pasara todo lo malo.

Cuando pasé a segundo iba con temor, no tenía ninguna amiga y mi amigo de la infancia no querría verme mas puesto que le dejé solo por las otras supuestas ‘’amigas’’ que  tenía.  Ahí fue cuando empecé a hablar con unas chicas muy majas que antes no nos podíamos ni ver por culpa de Jennifer y de Isabel  mis ‘’amigas’’. Pero a pesar de eso ellas me dieron una oportunidad. Ahí  fue cuando me alegre de haber dado de lado a las otras. Me hice amiga de todas, con una tenía más confianza que con otra, como es normal. También recuperé a mi amiga, que nos conocíamos desde los cuatro años. Después empecé a juntarme con una chica llamada Silvia, la que más me apoyó y me ayudó desde que me conoció, y pensar que empezamos a hablar gracias a un ejercicio de matemáticas que ninguna de las dos entendíamos. Así seguíamos hasta final de curso. En ese verano no nos separábamos ni un solo minuto. Empezamos a salir y a quedar con Ana y Penélope para dar una vuelta por las tardes, ir a la piscina, hacer guerras de globos, etc.

La víspera de las listas de las clases Silvia y yo deseábamos con todas nuestras ganas que nos pusieran juntas en la misma clase. Y así fue, cuando vimos nuestros nombres juntos en la misma lista nos pusimos a gritar y a saltar como locas. La gente que nos vio pensaría que estábamos tontas, pero nadie sabía que nos daba igual y que a pesar de todo a nadie le importaba lo que hiciéramos ni lo que sentíamos en ese momento, nosotras solo pensábamos en lo que íbamos a hacer durante este curso y las metas que teníamos planteadas. Todo era perfecto pero en mi mente se colaba algo negativo, no volvería a ver al chico que me gustaba, porque pasaba a bachillerato y no le vería ni en los recreos ni entre clase y clase ni nada…

El primer día era muy especial volvería a ver a mis amigos del curso pasado después de un verano largo y genial, nada más entrar a mi clase pensé en mis metas de aprobar el curso, cuando salí de aquella clase de tercero b, le vi, fue algo mágico, después de un verano entero pensando que no le volvería a ver. Mis expectativas cambiaron por completo.

Lo más especial de mi vida llegó ese veintisiete de octubre, mi hermana me dio la feliz noticia de que iba a ser tía por primera vez. A partir de ahí todos mis pensamientos cambiaron por completo, ahora me esforzaría al máximo por aprobar este curso para el verano que viene no dejar a mi sobrino ni un rato.

Un día soñé que me iba con mi familia y mi sobrino recién nacido de vacaciones por una carretera solitaria donde me encontré una maleta marrón de piel, mientras la iba abriendo pensaba en el temor que tenía por encontrarme algo que no quisiera ver.

 Definitivamente me armé de valor para abrirla de una vez y vi mi vida escrita tal y como era en un pequeño diario.



Cristina Velarde, 3º B

viernes, 3 de enero de 2014

UNA MALETA Y NUEVE HISTORIAS

Un día pasé por la Puerta del Sol y alguien estaba repartiendo propaganda. Se trataba de una postal con la foto de una maleta abandonada en un camino solitario. La imagen era bonita y sugerente, independientemente de lo que se pretendía vender. Se me ocurrió llevar esa postal a la clase de 3º B y proponerles que escribieran una historia en la que apareciera esa maleta abandonada en medio del camino, pero unos tenían que empezar la historia con esa imagen, y para otros esa debía ser la imagen final de su historia. 

Han salido historias muy diferentes en géneros y en estilos (hay, incluso dos cómics manga), pero el resultado ha sido muy satisfactorio. 

A partir de hoy vamos a ir publicando las nueve mejores historias de la maleta. Espero que os gusten

Lola




HISTORIA Nº 1


AMANDA

Amanda es una chica de 24 años, delgada, guapa y de muy buen carácter. Tiene un único sueño: poder bailar en Broadway.

Su semana se define en una sola cosa, bailar. Por las mañanas y algunas tardes va al Conservatorio de danza para convertirse en una bailarina profesional y poder cumplir su sueño. Las tardes que le quedan libres, las dedica dar clases de baile a niños pequeños. Cuando acaba todo eso, muy a menudo, va a visitar a su madre, Gloria; y más tarde se va, por fin, a su casa. En ella se encuentra su novio Gonzalo y su perro, Nico. Gonzalo es un piloto, por lo cual, ha visitado gran parte del mundo. Amanda y él se conocieron en el aeropuerto de Londres; Gonzalo pilotaba el avión en el que Amanda viajaba, con rumbo a New York.

Amanda hacía muchas pruebas para que algún día, la cogieran y la trasladasen a Broadway. Su última actuación fue en la capital de Londres. Bailó su especialidad, el claqué; pero como en casi todas, le dijeron que ya la llamarían.

Esa misma noche, Gonzalo y ella se encontraban en el salón, acurrucados y tapados con una manta por aquel frío invierno de Londres. Sonó el teléfono y Amanda lo cogió. Eran los de la prueba. Gonzalo veía que su novia ponía caras de entusiasmo y de alegría, pero sólo decía: «Vale, entendido, claro...» y cosas así. Gonzalo empezó a ponerse nervioso.
Cuando colgó, le dio un enorme y largo abrazo y se lo explicó todo.

Era Nuria, una de los miembros del jurado para el que he bailado esta tarde. Me ha sugerido hacer una última prueba-dijo muy alegremente ella, y rápidamente prosiguió-. Nuria me ha contado que ha estado siguiéndome prueba tras prueba, y que disfruta viéndome bailar, porque lo hago con limpieza y elegancia.

   - Pero Amanda,- le paró Gonzalo- una última prueba, ¿para qué?

  - ¡Para llevarme a los escenarios de Broadway, Gonzalo!- dijo entusiasmada.

   -¿En serio? Enhorabuena, cariño.

Fue una noche muy especial. Al día siguiente, Nuria fue a recogerla al Conservatorio para llevarla a la  última prueba. Anonadada, cogió sus cosas y se marcharon. Durante el camino Nuria le dio muchos consejos para la vida como bailarina.

Llegaron allí. Era un lugar simple, pero grande; había bastantes salas amplias donde se practicaba, y cada una con su vestuario correspondiente. Al fondo de un largo pasillo, se encontraba la gran sala, la más importante, donde los bailarines se ponían más nerviosos: La sala de Actuación.

Se pararon en recepción, donde un señor muy borde les indicó dónde se encontraba el señor Philip. Fueron con rapidez a buscarle y, al fin, le encontraron. Era el director de la empresa más importante de Londres de danza: Pineapple. Tenía un aspecto de persona agria, pero cuando comenzaron a charlar, se dio cuenta de que era un viejo señor corriente. Les fue agradable dialogar con él. Le dio instrucciones para la actuación, y estuvo ensayando varios pasos para poder asombrar al jurado. Eran increíbles aquellas piezas. Amanda en su tiempo de descanso se fue con Nuria a comprar el vestuario de la actuación.

Ya eran las 10:00 de la mañana, y Amanda empezaba a prepararse y a practicar para esa tarde. Pasaban las horas y ella cada vez se sentía más segura, pero a la vez igual de nerviosa. La gran sala ya estaba preparada para cuando llegaran los visitantes.

Quedaban 5 minutos para la actuación. Gonzalo estaba allí, muy contento, con su madre y su suegra y algunos amiguetes que tenían en común él y Amanda. El jurado se encontraba en un lugar resguardado para que los bailarines no se preocupasen y no se pusiesen más nerviosos.

El propio señor Philip presentó la actuación. Tardó varios minutos, pero se despidió de inmediato. El telón se abrió. Lo que veían los espectadores era una imagen de un descampado en perspectiva y una maleta en medio del escenario. Comenzó a sonar la música. Nadie salía. Nuria y muchos más fueron corriendo a buscar a Amanda; pero no la encontraban. La gente empezó a protestar y Gonzalo y su familia fueron a buscarla. Pasaban los minutos y nadie la encontró. 

Natalia Corchero, 3ºB.


jueves, 2 de enero de 2014

CUENTOS DE TERROR

CUENTO Nº 8





¡COMED CARNE!

En un pequeño pueblo de Pensilvania, la pequeña Carolina se levantó emocionada porque había llegado el día. Se vistió y se fue corriendo a la oficina de Correos a buscar su paquete.

-¿Ha llegado?, señor Dimitri. ¿Ha llegado mi paquete?
-Sí, pequeña, ha llegado, pero ¿qué puede ser tan importante?

-¡Son plantas carnívoras! ¡Comen carne!
-Ja, ja, ja… Eso son cuentos chinos, seguro que son tulipanes.

Muy emocionada, Carolina cogió su paquete y se fue a toda prisa en su bici. En mitad del pueblo se encontró a las animadoras, siempre abusando de los débiles…

-Carolina, ¿qué llevas ahí? –le preguntaron en tono de desfío-. ¡Dánoslo inmediatamente!
-Tengo prisa. ¡Dejadme!

Pero las animadoras no hicieron caso, la rodearon y le robaron el paquete. Carolina, indignada, se defendió a puñetazos y las insultó. Le dio un buen puñetazo en la nariz a la líder del grupo y salió corriendo con su bici.

-¡A por ella! ¡Que no escape! ¡Cogedla!

Todo el grupo corrió persiguiendo a Carolina para darle una paliza. Ella corría lo más velozmente que podía. Se adentró en un bosque al que nadie entraba por las leyendas que hablaban de sus peligros. Carolina no creía en ellas, así que no sintió miedo. Las animadoras la siguieron enfurecidas.

Carolina llegó hasta un pequeño lago, dejó su bicicleta y se lanzó al agua para atravesarlo. Cuando llegaron sus perseguidoras, no dudaron en cruzarlo también. Pero Carolina estaba cansada y, cuando llegó al otro lado, tuvo que pararse a retomar aliento. Las animadoras la alcanzaron, y ya estaban dispuestas a darle una lección.

-¡Ya te tenemos! ¡Te vas a enterar!

Mientras las chicas se acercaban a ella, seguras de que habían ganado, de no se sabe dónde salieron varias plantas carnívoras gigantes y empezaron a comérselas una a una, mientras Carolina gritaba:


-¡Comed carne! ¡Comed Carne!



Aquí se acaban los cuentos que hemos seleccionado de 1º A. Ahora son los alumnos los que tendrán que elegir cuál es el mejor. Tendréis que dar vuestro voto el día 8 de enero en la clase de Lengua. 


miércoles, 1 de enero de 2014

CUENTOS DE TERROR

CUENTO Nº 7



Nos habíamos comprado una nueva casa, más cerca del colegio. Mis padres estaban haciendo reformas en el salón. Yo estaba en mi habitación escuchando música. De repente, se hizo el silencio. Me quedé sorprendida, ya que momentos antes sonaban los golpes de la obra. Era como si el mundo se hubiera parado o yo me hubiera vuelto sorda.

Pasaron cinco minutos en silencio absoluto. Fueron los más largos de mi vida, pero, de pronto, escuché algo tras la puerta de mi habitación, como si alguien estuviera respirando tras ella. Me asusté y me metí en el rincón más escondido de la habitación.


La puerta se abrió y entró alguien que se quedó parado mientras respiraba fuerte. Luego empezó a andar lentamente, paso a paso. Yo estaba cada vez más asustada, y cada vez me iba haciendo más pequeñita, me iba encogiendo poco a poco. Los pasos se acercaban más y más a mí. Puse mi cabeza entre las piernas, cerré los ojos y apreté mis labios. De repente, se paró, dejé de oír sus pasos. Levanté la cabeza y abrí los ojos. Delante de mí estaba aquel hombre mirándome. Era bajito, muy bajito, iba vestido con una bata con capucha negra y llevaba una máscara, por lo que no podía ver su rostro. Intenté chillar, pero era como si alguien me estuviera tapando la boca. Intenté levantarme y echar a correr, pero el hombre me detuvo. En ese momento, recordé los buenos momentos que había pasado con mis padres, con mis abuelos… Después, se me cerraron los ojos y no los volví a abrir.

martes, 31 de diciembre de 2013

CUENTO DE TERROR

CUENTO Nº 6


Maddie



Era un día frío y lluvioso. Yo estaba sentada en el sofá viendo en la televisión mi programa favorito. En ese momento, mi madre entró en el salón con cara preocupada y triste a la vez, y, cuando me contó aquello, lo entendí perfectamente.

Me dijo que Maddie, mi mejor amiga, estaba en su clase de baloncesto habitual, cuando se empezó a encontrar mal. Se fue al baño y, como tardaba demasiado, su profesora entró para ver qué le pasaba. La encontró allí, con la cabeza en el lavabo y un gran golpe en la cabeza. El grifo estaba abierto y el agua corría tiñéndose de sangre y mojando sus cabellos. Nadie sabía qué había sucedido. Para mí fue un golpe terrible.

Mi madre se marchó a hacer unas llamadas y yo me quedé sola, sentada en el sofá, frente al televisor, pero ya no me interesaba nada de todo aquello. Sólo podía llorar. Me levanté y fui al baño para lavarme la cara, a ver si así se me aclaraban las ideas. Cuando entré en el cuarto de baño, todo estaba lleno de vaho y el espejo estaba empañado. Me extrañó, pero no le di mucha importancia. A lo mejor se había acabado de duchar mi hermano. Abrí el grifo y me lavé la cara. Después, quité el vaho del espejo para ver cómo tenía los ojos después de haber llorado. Entonces la vi, era ella, era Maddie. No eran imaginaciones mías. Estaba segura. Me giré y…


No tengo más recuerdos de aquel momento. Lo último que vi fue mi imagen en el baño, con la cabeza metida en el lavabo y con un golpe en la cabeza, igual que Maddie. También recuerdo que ese mismo día, en el instituto, Maddie me dijo que estaríamos juntas para siempre. Me lo prometió. No estoy segura, pero creo que estoy muerta.


lunes, 30 de diciembre de 2013

CUENTOS DE TERROR

CUENTO Nº 5



Era otro domingo aburrido y nublado. Yo no tenía ganas de hacer nada. Sin embargo, estaba en contra mí y me mandaron hacer miles de tareas, que, por supuesto, hice. Después salí a la parte de atrás de mi casa para tomar el aire. Decidía alejarme un poco, pues estaba aburrida. Iba paseando, y sólo oía el ruido de los coches.

No era un día soledad precisamente, sino más bien frío y con tanta niebla que ya me estaba arrepintiendo de haber salido. Decidí regresar a mi casa y empecé a notar un olor extraño que no lograba identificar. De repente, mi cuerpo no reaccionaba. Intentaba moverme y era como si  mi cuerpo se hubiera inmovilizado. Una sensación de terror se adueñó de mí. Intenté salir corriendo con todas mis fuerzas, y lo conseguí, pero una sombra oscura me perseguía. Cuanto más corría, más se acercaba a mí. De pronto, choqué con alguien, y la sombra desapareció. Era uno de mis vecinos. Después de pedir disculpas, subí corriendo hasta mi casa y me encerré en mi habitación. Mi madre se percató de mi presencia y me vino a preguntar si me pasaba algo. La convencía de que no pasaba nada. No quería preocupala.

El siguiente domingo volvía a ir por el mismo camino. Estaba intrigada y quería aclarar qué había pasado, pero iba temiéndome lo peor.  Se volvió a levantar mucha niebla y empezó a oler igual que el domingo anterior. De improviso, alguien me tapó la boca y, al mismo tiempo tiraba de mí por la chaqueta, tanto que me la rasgó. Ese ser, o lo que fuera, y me  susurraba al oído mi nombre, fría y lentamente.


Me despertó mi madre cuando había empezado a chillar. Era lunes y tenía que levantarme para ir al instituto. Pero… , cuando me levanté, me miré en el espejo y vi mi cara muy pálida, demasiado pálida, y me di cuenta de que había dormido vestida y de que mi chaqueta… ¡estaba rasgada como si alguien hubiera estado tirando de ella!


domingo, 29 de diciembre de 2013

CUENTOS DE TERROR

CUENTO Nº 4

¡UNA NOCHE ATERRADORA!



Hola, soy Emily Henrrie. Mis amigas y yo fallecimos 1997. Me gustaría contar nuestra historia, aunque…

Era 31 de octubre, la noche Halloween. Yo estaba en mi cuarto arreglándome para una fiesta. De repente, oí un chillido ensordecedor.

-¡Aaaaaaaaah!

Me di un susto de muerte. Creí que había pasado algo, pero no era así. Era mi amiga Tifanniy  que quería asustarme, como todos los años.

-¡Tifannie! ¡Te tengo dicho todos los años que no me hagas eso! ¡Que soy una miedosa!

-Bueno… relájate, tía, que ha sido una bromita de nada.

Bajé, pero primero me despedí de mi madre.

-¡Adiós, mamá!

-Adiós, hija, ten mucho cuidado…

Su voz me sonó algo extraña, pero no hice mucho caso. ¡Iba a pasármelo bien, muy bien! Por el camino recogimos a otras amigas, Ángela y Gabriela.

-¿Te pasa algo? –me preguntaron.

-No…, no, no me pasa nada. Sólo estoy un poco inquieta –contesté.

Llegamos al local donde se celebraba la fiesta, entramos y nos quedamos pasmadas, pues no había nadie. La habitación estaba oscura y fría. Era todo demasiado raro. Nos quedamos mirando aquel tétrico lugar, y descubrimos en un rincón unas escaleras viejas, casi derruidas. A pesar del miedo que teníamos, subimos. Arriba encontramos un local sucio, lleno de telarañas, que sólo se iluminaba por la luz de la calle que entraba por las ventanas. Allí había unos libros, uno de ellos estaba abierto… Había escrito: “Cuenta una leyenda que hace muchos años, unas amigas murieron asesinadas por la madre de una de ellas. La mujer se suicidó y su espíritu vaga por la Tierra…”. Sonó mi el teléfono, era mi madre.

-Dime, mamá.

-Hija, estoy aquí, baja, tenemos que hablar. Es urgente.

 Colgó sin más explicaciones. Estaba asustada, y le dije a mis amigas que me iba un momento, que no tardaría nada. Bajé, pero no vi a nadie. Volví a subir. Mis amigas también empezaron a inquietarse. De pronto, empezamos a oír el sonido como de un líquido que cae. Levantamos la mirada y vimos que en la pared habían escrito con sangre: “Ha llegado vuestra hora”. Nos miramos horrorizadas y echamos a correr escaleras abajo. Abrimos la puerta del local y…


-¡Aaaaaaaaaaaah!


sábado, 28 de diciembre de 2013

CUENTOS DE TERROR

CUENTO Nº 3 

 EL CLUB DE LA MEDIA NOCHE 




 Hubo una vez cinco niños a los que les encantaba contar historias de miedo en el bosque, sentados alrededor de una hoguera, así que decidieron crear el “Club de la media noche” para reunirse y contar sus historias favoritas. Una de ellas es ésta: 

 “Había una vez dos hermanos que se fueron de excursión a un bosque y se perdieron. Empezaba a anochecer y hacía un frío terrible. Encontraron a un hombre al que preguntaron cómo llegar al pueblo, y éste les contestó que el pueblo estaba muy lejos, que lo mejor era resguardarse en la cabaña de un amigo suyo, que estaba muy cerca. Se ofreció a acompañarlos, y por el camino les contó que si se quedaban en la cabaña, al día siguiente él les enviaría un taxi para que los recogiera. También les advirtió de que su amigo era un poco raro, y que le gustaban los acertijos. 

 Cuando llegaron a la cabaña, vieron que tenía un aspecto muy lúgubre, y a los niños les recordaba a las viejas cabañas de los cuentos que leían. Buscaron con la mirada al hombre que los había acompañado para preguntarle alguna duda, pero, extrañamente, se había esfumado sin hacer ruido alguno. 

 Se acercaron a la puerta de madera y, un poco asustados, llamaron. Les abrió un señor mayor, desaliñado, muy parecido a un científico loco. Los miró fijamente y les preguntó que qué querían. Los hermanos, con voz temblorosa, le explicaron que se habían perdido, y le pidieron que si podían pasar la noche en su cabaña. Les dijo que sí, pero con la condición de que resolvieran un acertijo. Los niños aceptaron.

 -Se puede ver dentro de un barril, no pesa y, encima, aligera el barril. ¿Qué es? 
-¡Un agujero! –respondió uno de los hermanos. 
-Muy bien, pasad, pasad –les dijo el señor-. Al fondo del pasillo tenéis vuestras habitaciones, y mañana vendrá a recogeros un taxi. 

 Los niños atravesaron el salón, convertido en una especie de laboratorio lleno de probetas y otros recipientes donde flotaban órganos y otras partes de los cuerpos de niños que no resolvían los acertijos, y que, como eran niños perdidos, nunca nadie los reclamaba”. 

 El niño del” Club de la media noche” cerró su cuento con una moraleja: 

“Los niños tontos viven poco”.

viernes, 27 de diciembre de 2013

CUENTOS DE TERROR

CUENTO Nº 2



Era la noche de Hallowen. Tomás y Guille iban a ir de casa en casa por toda la ciudad. Se habían disfrazado de vampiros. Después de unas horas, ya habían recorrido casi toda la ciudad, pero les faltaba una casa, una casa grande, vieja y oscura a la que nadie quería ir. Pero ellos fueron. La puerta estaba abierta y entraron.

 -¿Hay alguien ahí? 

 Nadie contestó, pero, de repente, se escuchó el ruido de alguien que bajaba por las escaleras, pero no se veía a nadie. ¡Pum, pum, pum…! Se escuchaba repetidamente. Los dos chicos se asustaron. De pronto vieron a un hombre sin piernas, con un aspecto horrible, que se arrastraba en dirección hacia ellos dando fuertes golpes con las manos. Intentaron salir, pero la puerta estaba cerrada y no conseguían abrirla. Cada vez tenían más miedo, y estaban seguros de que aquel hombre iba a matarlos. Se acercaba cada vez más. Los niños querían correr, pero estaban como paralizados por el miedo. ¡Pum, pum, pum…! 

 -¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah!


jueves, 26 de diciembre de 2013

CUENTOS DE TERROR

Vale, quizás no sea el momento más adecuado para estos cuentos, pero cuando los escribieron los alumnos de 1º A, allá por los primeros días de noviembre, estaba totalmente contextualizados. No hemos podido ponerlos antes porque no hemos tenido tiempo.

Los alumnos de 1º A los están esperando porque han de elegir cuál es el mejor. Van a ir apareciendo estos días y de forma anónima. Esperamos que os gusten.

CUENTO Nº 1




¿QUÉ FUE DE ROCÍO? 

 Rocío vivía con sus padres y con su perro Yuki en una casa muy grande a la que se habían mudado hacía muy poco. 

 Un día se quedó sola con su perro porque sus padres tenían que ir a comprar algunas cosas. A la niña se le ocurrió inspeccionar la casa, ya que todavía no la conocía del todo. Subió a la planta de arriba y descubrió un pasillo al que daban muchas puertas. Llegó hasta la última, la abrió y entró. La puerta se cerró tras ella como si alguien la hubiera empujado con mucha fuerza. 

 Se quedó horrorizada: la habitación estaba llena de muñecas colgadas por el cuello y manchadas con pintura roja como si fuese sangre. De repente, empezó a escuchar unos golpes fuertes. Pensó que sería Yuki, que habría tirado algo al suelo, pero vio por la ventana que el perro estaba tranquilamente en el jardín. Se asustó. 

 Poco después, escuchó las voces de sus padres, que ya habían vuelto. Se dirigió a la puerta para salir, pero sintió como si le tocaran la cabeza, y oyó que le susurraban al oído unas palabras que no entendió. Empezó a gritar y a dar golpes en la puerta, pero nadie la oía. De pronto, desapareció.


martes, 24 de diciembre de 2013

CUENTOS MEDIEVALES

EL AMOR ES UNA INJUSTICIA



La tenue brisa del ocaso acababa de volver para concluir lo que no terminó el pasado invierno, aunque no conseguiría llegar hasta Benethor ni a Doromir. Sus murallas eran fuertes y no lograrían caer por muchos golpes que sufrieran, en cambio, sus plazas no resistirían los fuertes vientos ni las incansables lluvias que se acercaban. Eran pocos los que podían librarse de un simple resfriado y la supervivencia por aquellas estaciones era terrible. El mal atormentaba a quien se le cruzara por el camino. Al parecer, las puertas del castillo solo ayudaban a nobles y a ricachones de pueblos cercanos.

-¡¡¡Lilliam!!! ¡¡¡Lilliam!!!- gritaba Edmond con insistencia.

Los pasos de Lilliam cada vez eran más notables. Sus pisadas resonaban por todo el palacio haciendo que vajillas y jarrones se tambalearan suavemente. 

-¡¡Lilliam!! ¡¡Lilliam!!! ¿Dónde estará esta  hija mía? ¡¡Lilliam!!!

Apresuradamente, Lilliam apareció por la puerta del salón, silenciando al fin a su afligido padre.

-¿Me llamaba?, ¿a qué tanta persistencia, padre? ¡No puedo estar ni dos segundos sola si usted no para de gritarme!

-Dispensame querida, no quería asustarte, me gustaría que fueras a la fragua, tengo un encargo y no puedo disponer de mis servidores porque se encuentran al otro lado del reino.

-Está bien, usted sosiéguese un poco, no me demoraré.

Lilliam, la hermosa hija del rey, vivía en Benethor, junto a su padre, sus hermanas y el servicio. Las visitas por aquellos lares eran de lo más habitual. No podían esperar más de un día a ver caras familiares por el salón o en algunas otras habitaciones.

La joven de hermosa cabellera rubia recorrió todo el pueblo en busca de la fragua y logró encontrarla, aunque con tardanza. Cuando cruzó la puerta, lo único que puedo ver fue un establecimiento vacío. El fuego parecía haberse encendido en ese momento, aunque no lograba entender porqué no había nadie.

Repentinamente, escuchó una voz proveniente de la otra habitación y decidió seguirla.  Los gritos cada vez eran más intesos, parecía que alguien se encontraba en pleno combate.

Cuando por fin logró descubrir quien lanzaba los gritos, lo contempló durante unos instantes. Era un joven alto y fornido, con un gran espíritu de batalla.  Su mirada era intensa e insólita.  No había visto ojos tan verdes en su vida, le recordaban a las esmeraldas. Tenía una larga melena castaña que se movía al empuñar su espada. Parecía que se preparaba para combatir en los grandes torneos que se hacían en las plazas.

Lilliam se quedó patidifusa, no había visto a guerreros tan audaces como ese joven. De repente, perdió el equilibrio y cayó sobre unos tablones de madera, haciendo que el muchacho concluyera con su entrenamiento.

El muchacho se sobresaltó primero y luego se acercó sigilosamente. La joven se encontraba postrada sobre los tablones, con una de sus piernas lastimada.
-¿Qué hacías ahí, muchacha? ¿ Me espiabas?-dijo él, soltando una carcajada.
-¡Es usted un infame! No ayudarme sería su sentencia, herrero.

-¿Me está usted amenazando?- volvió a reír, pero esta vez con más ahínco.

-No diga memeces y ayúdeme.

El joven le ofreció su mano, para que ella pudiera volver a levantarse.

-¿No es usted de por aquí, verdad?

- ¿Me ves con cara de mendiga?

-Si con mendiga se refiere a torpe...

-Soy Lilliam, la hija de Edmond de la casa  de Benethor y no soy torpe ni mendiga.

-Así que tengo el placer de hablar con la princesa Lilliam... muy poco rauda para ser la princesa.

-¿Se burla de mí?-soltó un rugido y  su mano- Prefiero levantarme por mi misma, no necesito su pésima ayuda.- Por cierto, ¿Quién eres, zagal?

-Soy Christopher, herrero e hijo de Akill, ya fallecido en el anteriror solsticio de verano. ¿Por qué has venido?

-Vengo a recoger un pedido de mi padre, el rey.

-¿Te refieres a la espada de Adalwolf?, Está aquí, traída de las más altas montañas de Idanthyrsus. Aquí la tienes.

-Gracias...un placer haberte conocido Christopher.

-Vaya con cuidado y no vuelva a resbalarse- De nuevo rió.
Cuando Lilliam volvió al castillo, se dirigió irritada hacia su padre, que se encontraba sentado en el enorme sillón del salón.

-Padre, aquí tiene su maldita espada...

-¿A que tanto enojo, hija?

-No es nada, padre, simplemente cójala.

-Oh, Christopher ha hecho un buen trabajo, le diré que se pase por aquí.

-¡Pero padre!-soltó un soplido.

Lilliam intentó mostrar como un problema el juego que Christopher tenía con su espada, pero su padre lo tomó como algo bueno y pensó que no sería mala idea en entrenarle como caballero noble de Benethor.

A la mañana siguiente, Lilliam montó a lomos de Aika, que al parecer había dormido mejor que ella. Allí se sentía libre, sin nada que esconder al mundo. Aún recordaba el testarudo carácter de Christopher, que le enojaba, aunque sentía algo por ese joven, algo profundo y que aún no había salido a la luz.

Cuando bajó a desayunar se lo encontró sentado en la mesa del salón y decidió dar media vuelta.

-¿A donde vas, mujer? Vamos, siento haber empezado con mal pie. Por cierto, ¿cómo estás?

-No debería de referirse así a mi persona, y estoy bien, gracias. Lilliam siguió subiendo las escaleras.

-¡Siéntese aquí conmigo!, ¿No le apetece un poco de bizcocho?
-¡Cállese! ¡Es muy pronto para dar esas voces!

-Pues no pararé hasta que no se siente.

Lilliam no tuvo más remedio que sentarse junto a Christopher, que también desayunaba.  La joven le preguntó, qué había venido a hacer allí. Al parecer el muchacho había vuelto para hablar con su padre.

-Gracias- le dijo a ella.

-Gracias, ¿por qué?

-Por hacer que mi vida tenga algo de sentido y no ser un simple herrero de poca monta.

-¿Y qué he hecho yo?

-¿Usted?-soltó una simple risotada- Usted le dijo a Edmond lo que vio en la fragua.

Lilliam recordó que solo quería hacerle un mal, pero que las cosas no le salieron como ella quería. Al parecer no había vuelto sólo para hablar el rey, sino para agraderle aquella mala idea que tuvo, aunque por otra parte su corazón quería que Christopher se quedara unos días a vivir en el castillo, para que las murallas pudieran protegerle de aquellos terribles tiempos.

Edmond bajaba por la escalera apresurdamente con una leve sonrisa.
-Christopher, a ti te quería ver yo- Edmond se acercó al muchacho y le dio unas cuantas palmadas en la espalda.-Quería decirte que mañana al alba podrás venir aquí para entrenarte libremente con algunos de los caballeros de la corte, así te agradeceré lo que has hecho con la espada de Adalwolf.

-Gracias, majestad- dijo haciéndole una reverencia. Christopher se giró hacia Lilliam: "Hasta pronto, princesa".

Y después desapareció tras la puerta del salón.

-Oh, hija, antes de que se me olvide, quería decirte que esta tarde viene Henry, principe de Doromir y necesito que le causes buena impresión, puede que pronto unamos ambas casas.

Cuando Lilliam escuchó aquello, no dijo nada, simplemente su cara lo reflejó todo, el odio que ahora le tenía a su padre, era inmenso "¿le casaría con un extraño?".

Al caer la noche Banat, una de las sirvientas cogió el vestido más hermoso y enorme que Lilliam tenía en su armario. Era rojo y blanco, con mangas anchas y corsé.

Banat, se lo apretó de tal manera que a la joven no le quedó otra que resignarse. No le gustaban nada aquellos ropajes de gala, eran muy incómodos y no lograba acostumbrarse a ellos. Cuando se lo vio puesto, no puedo reconocerse. Pensó que si el destino de todas las princesas era aquel, no le gustaría que también fuera el suyo, pero debía de afrontarlo, si ella huía, toda la comarca se avergonzaría de Benethor, y eso es algo que su padre no permitiría jamás. En ese momento Lilliam pensó que le gustaría estar al lado de Christopher y que a la mañana siguiente podría volver a cruzarse en su camino.

Cuando Lilliam bajó las escaleras, se encontró a casi todo el reino de Doromir, y también a su futuro esposo. Era un hombre de mediana edad, demasiado mayor para ella. Tenía un gran mostacho y una barba considerable y lanuda de un color cobrizo. Su pelo era largo y castaño, parecía un poco sucio, aunque sus ropas decían lo contrario. Iba vestido con hermosos ropajes adornados y zapatos de buena compostura. El color predominante era el negro aunque en su calzado se apreciaba un poco de granate.

Lilliam volvió a pensar en Christopher, quería volverle a ver.

-¡Bienvenidos a Benethor, amigos, me gustaría tener el honor de presentarles a mi hija! ¡Hija preséntate a Henry y a sus cortesanos!

-Encantada de conocerle Sir. Lilliam logró contener sus sentimientos e hizo una reverencia.

-El honor es mío, princesa-dijo Henry, aunque su voz no sonaba tan profunda como la de Christopher, y le dio un beso en la mano izquierda, sin embargo Lilliam lo sintió como cuchillas.

-Bueno, pues si ya hemos acabado de presentarnos, es también un honor tenerles en mi reino y me gustaría que disfrutaran del entretenimiento y del banquete.

Lilliam quería salir de allí. No lograba entender cómo una persona podía deshacerse o entregarle a otra con un simple movimiento de manos o con unas palabras. No quería estar con ese extraño hombre, no le gustaba, quizás sus ojos no veían el dinero como su padre. Él solo quería  monedas y más monedas, no le importaba lo más mínimo qué iba a ser de sus hijas ni su felicidad.

Al cabo de unas horas, cuando por fin terminó el festejo, Edmond volvió a girarse hacia ella.

-El martes uniréis vuestras manos en matrimonio- y la miró con una sonrisa de oreja a oreja.

-Padre, yo no le quiero.

-Vamos, es un buen hombre, te hará feliz.

Lilliam corrió a sus aposentos en busca de consuelo, aunque lo único que consiguió fue llorar y sollozar.

En el momento que amaneció, bajó rápidamente las escaleras, pero, esta vez Christopher no estaba en el salón, así que desayunó sola.

Cuando salió al jardín el sonido de las espadas la condujeron hasta el astuto muchacho, que se encontraba luchando contra un pequeño maniquí de paja.
Christopher distinguió a Lilliam de entre todos los hombres que había en aquellos campos y corrió hacia ella, como si le fuera la vida ello.

Cuando ambos empezaron a dar un paseo, Christopher volvió a ser el que inició la conversación. Le habló de lo hermoso que era su castillo y le agradeció que le dejaran quedarse allí.  En algunos momentos el joven le obsequiaba a la muchacha con muchos halagos. Lilliam decidió contarle lo que su padre tenía guardado  para ella y que no le gustaría casarse con un hombre al que no amaba. El muchacho logró contener sus sentimientos de furia. Él la quería y nunca permitiría que se casara con aquel extraño. Al cabo de unas horas de conversar y sonreir, Lilliam pensó que ya era el momento de volver, aunque ella no quisiera. Christopher le mandó una sonrisa picarona y se fue, pero seguía disgustado.

A la mañana siguiente Lilliam  se dirigió al salón, con la esperanza de que esta vez le encontraría. Parecía que por fin sus pensamientos se habían cumplido, y fue a la mesa junto al joven.  Le encantaba hablar con él y estar a su lado. Era encantador y sus charlas nunca le aburrían. Christopher parecía algo afligido, le apenaba no poder estar más tiempo con ella. 

De nuevo salieron a dar un paseo a escondidas, pero esta vez a caballo. La joven era una espléndida amazona, en cambio él no tanto.

Parecía que aquellos malos tiempos ya estaban desapareciendo. Ese día el sol brillaba más que nunca y Lilliam sentía que nadie podría apartarle de su lado, le apreciaba mucho, le amaba. Christopher odiaba montar a caballo, no se le daba bien dominar a esos majestuosos animales. Juntos caminaron por todo Benethor, hasta que se les hizo de noche.

Al bajar del caballo, Christopher cogió las dos manos de Lilliam y esta le miró a los ojos, no quería volver jamás a ese castillo.  Christopher condujo a Lilliam a la fragua donde ambos pasaron una apasionada noche en el lecho del muchacho. Lilliam nunca olvidaría esa noche, la mejor que tuvo en su vida.
Cuando el sol volvió a salir, Christopher quiso abrazarla con fuerza, pero ella ya no estaba allí. Él, sin pensárselo dos veces, corrió tras su amada.

Lilliam había vuelto al castillo, donde la preparaban para la ceremonia. Su vestido era largo y ceñido, de un color ocre, con dos amplias mangas.  Los detalles de encaje eran de plata y el tocado de su pelo parecía formar una enorme flor.

El herrero estaba desesperado, necesitaba volver a tenerla entre sus brazos, cogerla y arrancarla de las manos de aquel infiel. Corrió y corrío por todo el reino en busca de Lilliam. Cuando alzó la vista, la carroza que ahora disfrutaban los "enamorados" cada vez se alejaba más. De nuevo volvió a apresurarse. Sus pensamientos ahora reflejaban la más pura inquietud y notaba como todo se iba desvaneciendo poco a poco. Christopher volvió a mirarla. Ella aceptaba su destino, sabía que quería a Christopher, aunque no se giraría jamás, era demasiado triste ver como sus deseos se hacía añicos y se fue con la cabeza alta.

Christopher, se detuvo. Ya nada podría parar aquel vehículo. No lograba entender aquella realidad. El muchacho dio marcha atrás dando la espalda a lo que antes había sido un sueño. Sus lágrimas ahora eran de injusticia.

Pero Lilliam, miró atrás. No había nadie. Él ya se había ido. Lilliam se volvió hacia Henry, sabía que nunca le haría tan feliz como lo hizo Christopher. Ella pensó en él y en todos los momentos que habían pasado juntos. Sus noches no serían las mismas, pero ella sabía que aquel muchacho siempre sería el padre del hijo que llevaba en sus entrañas. 

S. U., 3º B