Blog del Departamento de Lengua Castellana y Literatura del IES EL OLIVO (Parla)
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martes, 6 de noviembre de 2012
CUENTOS, CUENTOS, CUENTOS...
LAS GALLINAS
Había una vez un joven muy pobre que trabajaba en una tienda de regalos. Su jefe era muy malo y le pagaba sólo 5 euros por cada día de trabajo. El muchacho estaba muy cansado de trabajar tanto y de ganar tan poco, pero como no había trabajo, siguió en la tienda. Hasta que un día vio a una abuela que vendía gallinas a 20 euros cada una; entonces tuvo una gran idea: compró una gallina que creció y tuvo pollitos. Algunos los dejó crecer para que se convirtieran en gallinas, y otros los vendió por 10 euros cada uno. Así llegó a tener muchas gallinas.
Ahora, cuando las gallinas ponen huevos también los vende directamente. De esta forma gana mucho dinero cada día, y se ha convertido, poco a poco, en un hombre muy rico.
Kehuan Dai, 3º D
sábado, 27 de octubre de 2012
CUENTOS, CUENTOS, CUENTOS...
EL REY VALIENTE Y CRUEL
Había una vez un rey de un país muy lejano, que era muy valiente y el más despiadado del mundo. Nadie había logrado vencerlo jamás. Una vez llegó hasta un lugar terrible, un pueblo habitado por seres extraños, algunos de los cuales tenían un solo ojo en medio de la frente, mientras que otros tenían hasta tres. También poseían varias piernas, lo que los hacía muy veloces. A pesar de todo, el rey consiguió derrotarlos, por lo que esos seres extraños no tuvieron más remedio que ir a refugiarse en unas profundas y tenebrosas cuevas. Hasta allí los siguió el rey, y entró en la cueva con la intención de hacerlos desaparecer.
Después de una larga búsqueda, los encontró y, cuando estaba a punto de matarlos, la cueva se derrumbó y todos murieron.
Daysi Sandoval, 3º C
--- ooo ---
Carlos tenía 7 años y vivía en un pueblo llamado Criscrin. Él solía estar solo, ya que sus padres no tenían mucho dinero y trabajaba todas las mañanas de cabrero.
Siempre les contaba sus problemas a las cabras, pero tenía una favorita a la que llamaba Manchitas. Un día, por la mañana, le habló y supo sus respuestas.
-Manchitas, Manchitas, hoy le he preguntado a mi padre que por qué no podía ir a la escuela; y me ha dicho que no se acordaba, que se lo preguntara a mi madre, pero no la he visto en toda la mañana.
-Beee, beee, beee -le contestó Manchitas.
Carlos no paraba de darle vueltas al asunto y, cuando llegó a su casa y vio a su madre haciendo la cena, le preguntó:
-Mamá, ¿por qué no puedo ir a la escuela?
-Carlos, se me ha olvidado. Pregúntaselo a tu padre.
Carlos subió enfadado a su habitación y esperó a que su madre lo llamara para cenar, mientras seguía dándole vueltas a sus cosas. Cuando su madre lo llamó, bajó y se encontró a sus padres allí, esperándolo. Se sentó y les preguntó a los dos a la vez:
-Mamá, papá, ¿por qué no puedo ir a la escuela?
Ambos se miraron y el padre contestó por los dos:
-Carlos, hijo, la verdad es que no vas porque creemos que es mejor que cuides de las cabras. Además, tú ya sabes leer y escribir.
Se callaron los dos y miraron a sus respectivos platos. Carlos, sin saber qué hacer, terminó rápidamente su cena y se retiró.
Al día siguiente, el muchacho volvió a hablar con Manchitas.
-Manchitas, la verdad es que no entiendo a mis padres. Ya sé por qué me dicen eso de que cuando sea mayor comeré huevos...
Carolina Zarco, 3º D
martes, 23 de octubre de 2012
CUENTOS, CUENTOS, CUENTOS...
Hoy va de manzanas (y de peras)
EL HAMBRE AGUDIZA EL INGENIO
Había una vez un niño llamado David que vivía en una ciudad muy grande. Tenía una hermana muy pequeña a su cargo debido a que eran huérfanos. Un día les entró mucha hambre, y su hermana se puso a llorar. David se preocupó tanto que decidió ir al mercado a pesar de que no tenía dinero. Iba pensando cómo podía conseguir comida sin pagarla y tuvo una idea. Fue a un puesto de frutas donde había mucha gente comprando y, sin que nadie se diera cuenta, cogió una de las manzanas de la base de un montón que estaba ordenado en forma de pirámide. Entonces se cayeron todas al suelo.
El dueño del puesto lo acusó de haber provocado la caída de las manzanas, pero el chico lo negó. El comerciante se puso a recogerlas y David le ayudó. Entonces, el señor le regaló varios kilos de manzanas. De esta manera, David y su hermana pudieron comer y se pusieron muy contentos.
Miguel Ángel Rocha, 3º C
LAS 15 MANZANAS
Jack era un chico que con 16 años se tuvo que poner a trabajar. Trabajaba para el señor Salgari. Un día, el jefe mandó al chico a comprar 15 manzanas, que era la fruta que más le gustaba. Fue a comprarlas y, al volver, entró en la cocina y dejó las manzanas que había comprado sobre la mesa. Al cabo de un rato, entró Erika, una de las empleadas de la casa, se acercó a la mesa y le dijo:
-¡Esas manzanas se ven muy ricas!
Jack, sin pensárselo dos veces, cogió dos manzanas y se las dio. Cuando llegó la hora de llevar la comida y las frutas a la mesa, el señor Salgari se dio cuenta de que faltaban dos manzanas. Él ya las había contado antes de que entrara Erika en la cocina.
-Jack... -dijo el señor Salgari.
-Sí, señor.
-Aquí hay solo trece manzanas, y yo conté quince. ¿Dónde están las otras dos que faltan?
-Solo había trece, señor.
- ¡Imposible! -dijo,enfadado, el jefe.
Jack, muerto de miedo, bajó la cabeza y no dijo nada. Cuando Salgari le pretuntó a Erika, que era la única que estaba allí en ese momento, que si ella también había visto trece manzanas, la muchacha miró a Jack y respondió:
-Sí, señor, solo había trece manzanas y dos peras.
-¿Has dicho dos peras? -dijo, extrañado Salgari- Entonces seguro que conté esas dos peras pensando que eran manzanas. Podéis retiraros.
Jack suspiró y fue hacia la cocina, donde le dio las gracias a Erika.
El chico se salvó de un castigo, Erika se quedó con las dos manzanas y el señor Salgari se quedó convencido de que las manzanas que faltaban eran en realidad peras.
Alexandra Costache, 3º C
EL HAMBRE AGUDIZA EL INGENIO
Había una vez un niño llamado David que vivía en una ciudad muy grande. Tenía una hermana muy pequeña a su cargo debido a que eran huérfanos. Un día les entró mucha hambre, y su hermana se puso a llorar. David se preocupó tanto que decidió ir al mercado a pesar de que no tenía dinero. Iba pensando cómo podía conseguir comida sin pagarla y tuvo una idea. Fue a un puesto de frutas donde había mucha gente comprando y, sin que nadie se diera cuenta, cogió una de las manzanas de la base de un montón que estaba ordenado en forma de pirámide. Entonces se cayeron todas al suelo.
El dueño del puesto lo acusó de haber provocado la caída de las manzanas, pero el chico lo negó. El comerciante se puso a recogerlas y David le ayudó. Entonces, el señor le regaló varios kilos de manzanas. De esta manera, David y su hermana pudieron comer y se pusieron muy contentos.
Miguel Ángel Rocha, 3º C
LAS 15 MANZANAS
Jack era un chico que con 16 años se tuvo que poner a trabajar. Trabajaba para el señor Salgari. Un día, el jefe mandó al chico a comprar 15 manzanas, que era la fruta que más le gustaba. Fue a comprarlas y, al volver, entró en la cocina y dejó las manzanas que había comprado sobre la mesa. Al cabo de un rato, entró Erika, una de las empleadas de la casa, se acercó a la mesa y le dijo:
-¡Esas manzanas se ven muy ricas!
Jack, sin pensárselo dos veces, cogió dos manzanas y se las dio. Cuando llegó la hora de llevar la comida y las frutas a la mesa, el señor Salgari se dio cuenta de que faltaban dos manzanas. Él ya las había contado antes de que entrara Erika en la cocina.
-Jack... -dijo el señor Salgari.
-Sí, señor.
-Aquí hay solo trece manzanas, y yo conté quince. ¿Dónde están las otras dos que faltan?
-Solo había trece, señor.
- ¡Imposible! -dijo,enfadado, el jefe.
Jack, muerto de miedo, bajó la cabeza y no dijo nada. Cuando Salgari le pretuntó a Erika, que era la única que estaba allí en ese momento, que si ella también había visto trece manzanas, la muchacha miró a Jack y respondió:
-Sí, señor, solo había trece manzanas y dos peras.
-¿Has dicho dos peras? -dijo, extrañado Salgari- Entonces seguro que conté esas dos peras pensando que eran manzanas. Podéis retiraros.
Jack suspiró y fue hacia la cocina, donde le dio las gracias a Erika.
El chico se salvó de un castigo, Erika se quedó con las dos manzanas y el señor Salgari se quedó convencido de que las manzanas que faltaban eran en realidad peras.
Alexandra Costache, 3º C
jueves, 28 de junio de 2012
CONCURSO LITERARIO 2012 / PRIMER PREMIO NARRATIVA BACHILLERATO
Hoy terminamos de publicar los premios del CONCURSO LITERARIO 2012, y lo hacemos con el primer premio de narrativa de Bachillerato.
ETERNO INVIERNO
de Jesús del Saz Quintero, 2º de bachillerato
Hace años mi abuelo me relataba historias acerca del pasado de la humanidad, me hacía viajar hacia esa época tan distinta de la actual, tan distinta. Me llamo Johann, y hoy mi abuelo ha muerto, y con él, todo lo bueno y maravilloso que me quedaba en este mundo desolador.
Soy un chico, no muy alto, con poco pelo, y con un aspecto entre mugriento y asqueroso, y por si no lo he dicho, vivo en Parla, una pequeña localidad de Madrid. Los años no han pasado en balde por esta zona, ahora las calles están despobladas, sólo se aprecian las pocas luces que quedan en las farolas nocturnas, los comercios están cerrados, y la miseria y pobreza están más que extendidas. Es como si viviera en un eterno invierno, un eterno y lánguido invierno. Por si no lo he dicho antes, el año actual es el 2078, aunque ahora eso no es que le importe a nadie, el tiempo ha perdido todo su valor, los días pasan sin sentido.
Mis padres murieron cuando yo era muy pequeño, la cantidad de contaminación de la atmósfera hacía el aire irrespirable, y lo sigue haciendo. Mis padres no tenían los medios para costearse un sistema de respiración artificial. Se trata de un método por el que se respira aire contaminado, pero gracias a unos mecanismos se consigue depurar. Resultaba demasiado caro para mis padres. Yo sigo vivo de milagro: mis padres se gastaron sus últimos ahorros en uno de esos sistemas de segunda mano para mí; dieron su vida para que yo pudiera malvivir la mía.
Los chicos de mi generación no es que seamos gran cosa; somos débiles, bajitos y con claros signos de desnutrición. El hambre en el mundo se extendió tras las décadas de cataclismos ocurridos en el pasado, según contaba mi abuelo. Según él, hace setenta años la vida se vivía con total tranquilidad y serenidad. Fue a partir de los años veinte cuando empezó a generalizarse el caos.
Los políticos mentían y hacían chanchullos para saltarse las leyes de ecología impuestas por sociedades medioambientales. Todo ello para seguir en el poder, encubriendo la verdadera realidad. Pagaban altísimas cantidades de dinero para seguir contaminando, para seguir siendo países industrializados, para seguir con el desarrollo, el progreso. Poco a poco, la contaminación alcanzó niveles alarmantes, ya de nada servían las multas, los planes de reciclaje apurados, las reducciones de tráfico o los cierres industriales. El mal estaba hecho, y no tenía solución.
El llamado calentamiento global incrementó sus efectos sobre las distintas partes del planeta; el clima se fue haciendo cada vez más impredecible; y los desastres naturales aumentaron de forma considerable. La población sintió un profundo pánico, y todo eso dio origen a la Tercera Guerra Mundial en el año 2024. No fue una guerra como las anteriores, fue una guerra nuclear. Decenas de bombas nucleares cayeron sobre las capitales más importantes, sus enormes setas podían verse de un continente a otro. Las grandes potencias se hundieron.
Los siguientes años no fueron buenos: hambre, desolación, muertes y este eterno invierno. Las temperaturas bajaron, la biodiversidad se fue extinguiendo, pero la raza humana ha seguido sobreviviendo. Mi abuelo fue de los pocos que lo consiguió, aunque hubiera preferido morir. A partir de los años cuarenta se formó un nuevo orden mundial en el que las diferencias sociales y económicas se acentuaron. Tuvieron lugar multitud de golpes de Estado, por eso ahora en España gobierna ilegalmente el dictador Jiménez.
Ojalá no hubiera ocurrido nada de esto. Mi abuelo decía que no importaba que un par de políticos hicieran lo que les diera en gana, el poder no estaba en los altos cargos, sino en el pueblo. Si la gente hubiera reaccionado a tiempo, con simples gestos, hubiera bastado. Ahora es demasiado tarde para volver atrás, ahora la vida es un malvivir. Pero si hubiera alguna manera de volver atrás, de cambiar las coas, de cambiar el mundo, alguna manera...
Las imágenes que aparecen ilustrando el relato son grabados de Gérard Trignac.
ETERNO INVIERNO
de Jesús del Saz Quintero, 2º de bachillerato
Hace años mi abuelo me relataba historias acerca del pasado de la humanidad, me hacía viajar hacia esa época tan distinta de la actual, tan distinta. Me llamo Johann, y hoy mi abuelo ha muerto, y con él, todo lo bueno y maravilloso que me quedaba en este mundo desolador.
Soy un chico, no muy alto, con poco pelo, y con un aspecto entre mugriento y asqueroso, y por si no lo he dicho, vivo en Parla, una pequeña localidad de Madrid. Los años no han pasado en balde por esta zona, ahora las calles están despobladas, sólo se aprecian las pocas luces que quedan en las farolas nocturnas, los comercios están cerrados, y la miseria y pobreza están más que extendidas. Es como si viviera en un eterno invierno, un eterno y lánguido invierno. Por si no lo he dicho antes, el año actual es el 2078, aunque ahora eso no es que le importe a nadie, el tiempo ha perdido todo su valor, los días pasan sin sentido.
Mis padres murieron cuando yo era muy pequeño, la cantidad de contaminación de la atmósfera hacía el aire irrespirable, y lo sigue haciendo. Mis padres no tenían los medios para costearse un sistema de respiración artificial. Se trata de un método por el que se respira aire contaminado, pero gracias a unos mecanismos se consigue depurar. Resultaba demasiado caro para mis padres. Yo sigo vivo de milagro: mis padres se gastaron sus últimos ahorros en uno de esos sistemas de segunda mano para mí; dieron su vida para que yo pudiera malvivir la mía.
Los chicos de mi generación no es que seamos gran cosa; somos débiles, bajitos y con claros signos de desnutrición. El hambre en el mundo se extendió tras las décadas de cataclismos ocurridos en el pasado, según contaba mi abuelo. Según él, hace setenta años la vida se vivía con total tranquilidad y serenidad. Fue a partir de los años veinte cuando empezó a generalizarse el caos.
Los políticos mentían y hacían chanchullos para saltarse las leyes de ecología impuestas por sociedades medioambientales. Todo ello para seguir en el poder, encubriendo la verdadera realidad. Pagaban altísimas cantidades de dinero para seguir contaminando, para seguir siendo países industrializados, para seguir con el desarrollo, el progreso. Poco a poco, la contaminación alcanzó niveles alarmantes, ya de nada servían las multas, los planes de reciclaje apurados, las reducciones de tráfico o los cierres industriales. El mal estaba hecho, y no tenía solución.
El llamado calentamiento global incrementó sus efectos sobre las distintas partes del planeta; el clima se fue haciendo cada vez más impredecible; y los desastres naturales aumentaron de forma considerable. La población sintió un profundo pánico, y todo eso dio origen a la Tercera Guerra Mundial en el año 2024. No fue una guerra como las anteriores, fue una guerra nuclear. Decenas de bombas nucleares cayeron sobre las capitales más importantes, sus enormes setas podían verse de un continente a otro. Las grandes potencias se hundieron.
Los siguientes años no fueron buenos: hambre, desolación, muertes y este eterno invierno. Las temperaturas bajaron, la biodiversidad se fue extinguiendo, pero la raza humana ha seguido sobreviviendo. Mi abuelo fue de los pocos que lo consiguió, aunque hubiera preferido morir. A partir de los años cuarenta se formó un nuevo orden mundial en el que las diferencias sociales y económicas se acentuaron. Tuvieron lugar multitud de golpes de Estado, por eso ahora en España gobierna ilegalmente el dictador Jiménez.
Ojalá no hubiera ocurrido nada de esto. Mi abuelo decía que no importaba que un par de políticos hicieran lo que les diera en gana, el poder no estaba en los altos cargos, sino en el pueblo. Si la gente hubiera reaccionado a tiempo, con simples gestos, hubiera bastado. Ahora es demasiado tarde para volver atrás, ahora la vida es un malvivir. Pero si hubiera alguna manera de volver atrás, de cambiar las coas, de cambiar el mundo, alguna manera...
Las imágenes que aparecen ilustrando el relato son grabados de Gérard Trignac.
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