domingo, 29 de diciembre de 2013

CUENTOS DE TERROR

CUENTO Nº 4

¡UNA NOCHE ATERRADORA!



Hola, soy Emily Henrrie. Mis amigas y yo fallecimos 1997. Me gustaría contar nuestra historia, aunque…

Era 31 de octubre, la noche Halloween. Yo estaba en mi cuarto arreglándome para una fiesta. De repente, oí un chillido ensordecedor.

-¡Aaaaaaaaah!

Me di un susto de muerte. Creí que había pasado algo, pero no era así. Era mi amiga Tifanniy  que quería asustarme, como todos los años.

-¡Tifannie! ¡Te tengo dicho todos los años que no me hagas eso! ¡Que soy una miedosa!

-Bueno… relájate, tía, que ha sido una bromita de nada.

Bajé, pero primero me despedí de mi madre.

-¡Adiós, mamá!

-Adiós, hija, ten mucho cuidado…

Su voz me sonó algo extraña, pero no hice mucho caso. ¡Iba a pasármelo bien, muy bien! Por el camino recogimos a otras amigas, Ángela y Gabriela.

-¿Te pasa algo? –me preguntaron.

-No…, no, no me pasa nada. Sólo estoy un poco inquieta –contesté.

Llegamos al local donde se celebraba la fiesta, entramos y nos quedamos pasmadas, pues no había nadie. La habitación estaba oscura y fría. Era todo demasiado raro. Nos quedamos mirando aquel tétrico lugar, y descubrimos en un rincón unas escaleras viejas, casi derruidas. A pesar del miedo que teníamos, subimos. Arriba encontramos un local sucio, lleno de telarañas, que sólo se iluminaba por la luz de la calle que entraba por las ventanas. Allí había unos libros, uno de ellos estaba abierto… Había escrito: “Cuenta una leyenda que hace muchos años, unas amigas murieron asesinadas por la madre de una de ellas. La mujer se suicidó y su espíritu vaga por la Tierra…”. Sonó mi el teléfono, era mi madre.

-Dime, mamá.

-Hija, estoy aquí, baja, tenemos que hablar. Es urgente.

 Colgó sin más explicaciones. Estaba asustada, y le dije a mis amigas que me iba un momento, que no tardaría nada. Bajé, pero no vi a nadie. Volví a subir. Mis amigas también empezaron a inquietarse. De pronto, empezamos a oír el sonido como de un líquido que cae. Levantamos la mirada y vimos que en la pared habían escrito con sangre: “Ha llegado vuestra hora”. Nos miramos horrorizadas y echamos a correr escaleras abajo. Abrimos la puerta del local y…


-¡Aaaaaaaaaaaah!


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